FUTURO EN EL TRATAMIENTO
A pesar del gran avance producido en estos últimos años en el manejo de la HAP, no podemos sentirnos en absoluto satisfechos. Aunque hemos prolongado claramente la supervivencia de los pacientes y mejorado su calidad de vida, muchos siguen falleciendo directamente por la enfermedad. El enorme incremento del conocimiento de su patogenia nos ha permitido saber el porqué de esta enfermedad. Desconocemos por qué se inicia este proceso. Algunos candidatos podrían ser la hipoxia (falta de oxígeno), la activación de células inflamatorias o la tensión aumentada sobre la pared, todo ello posiblemente por una predisposición genética, como sucede en la hipertensión familiar y en algunas esporádicas.
No sabemos aun si estamos en el camino correcto para alcanzar revertir esta enfermedad, aunque posiblemente se ha iniciado una andadura en esa dirección. Seguramente seguiremos todavía mucho tiempo con los fármacos de que disponemos, algunos de los cuales aún tienen que definir con más precisión su sitio en la escala de tratamiento. Tendremos que precisar mejor el momento idóneo para iniciar el tratamiento basándonos tanto en estudios hemodinámicos como en la propia clínica del paciente o incluso en algún marcador de gravedad. Esperar pacientemente a que un paciente empeore su clase funcional no parece la mejor actitud. Es preciso perfilar mejor las combinaciones de fármacos, intentando que faciliten la vida del paciente, no que se la compliquen por su forma de administración. Pero no hay dudas de que en los próximos años se vislumbra que en muchos casos quizá se alcancen a revertir las lesiones que produce esta enfermedad.
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